martes, 17 de abril de 2012

Mujeres que aguantan demasiado



Somos aquellas que por la necesidad de sentirnos amadas como en las telenovelas, nos involucramos en relaciones que para algunas pueden ser con hombres y para otras con mujeres. Somos mujeres, adictas a buscar personas conflictivas (yo les digo tóxicas), que nos hagan sentir útiles, esperamos que cambien y sean lo que soñamos para ser felices, pero por más que la intención sea buena no es más que un círculo vicioso más nocivo que las drogas.
Les voy a contar una historia, que quizás muchas ya la  conocemos pero que nunca deberíamos olvidar.
Una amiga de la infancia a la que llamaré María, inteligente, alegre y llena de ilusiones, a punto de graduarse ya está en busca de la felicidad, la cual creyó encontrar a sus 16 años, cuando se unió a Mario, un chico casi de su edad.
Dejaron los estudios, concibieron 2 hijos y hasta ahí todo era perfecto, pero llegó el momento en que las cuentas y los hijos comenzaron a crecer, la convivencia en casa de los padres de Mario ya no era tan agradable. Mario era el que llevaba el dinero a casa y María quien lo gastaba, es todo lo que entendían, nunca pensaron en la economía ni sacaron cuentas de lo que tenían ni de lo que necesitaban y por eso cuando el dinero de Mario no era suficiente y lo que él dejaba para "sus vicios" pasó a otros rubros, comenzó a preocuparse y luego a desesperarse, a llegar tarde, de mal humor y a veces borracho y pidiendo cama. María no se la quería dar porque ya hacía rato que las ganas de cama con él las había perdido. Fue una noche de esas, de reproches y acusaciones cuando María recibió el primer puñetazo... Mario parecía haber asimilado muy bien los consejos de sus amigos de cómo tratar a una mujer cuando se pone exigente y María también, ya que jamás gritó ni buscó ayuda, es conocida bien la sentencia popular “Aunque pegue o mate...  marido es”. La madre de Mario algunas veces intercedió a favor de María cuando escuchaba los golpes que producía el cuerpo de María estrellándose contra la pared y el llanto de los niños...
María ya tenía intenciones de querer salir de esa situación, pero su inexperiencia y desesperación la llevaron por caminos errados, tomó todos los cursos rápidos de manualidades que daban en el barrio, pero igual no le servían de nada y en medio del abuso y la desesperación de no saber qué hacer, cayó al mismo pozo que él, se emborrachaba, llegaba tarde y a la hora de querer cama lo hacía donde fuera y con quien fuera, pero como todo tiene su límite María dejó los vicios y huyó de la casa de sus suegros con sus hijos. Emprendió un negocio donde le iba medianamente bien, mientras tanto Mario no dejaba de jurarle que había cambiado y la familia que por otro lado la aconsejaban “vuelve con Mario, hazlo por los niños, ellos necesitan a su padre” al año la terminaron convenciendo, sus miedos e inseguridades la regresaron a ese mundo donde hasta la fecha Mario no ha vuelto a pegarle, pero sigue llegando tarde y borracho, en busca de cama y María por sus hijos que "necesitan a su padre", abre las piernas cada noche que él se lo exige y aguanta hasta el final. Sus ojos ya no brillan y sus sueños hace tiempo se derrumbaron a golpe de desilusiones.
Yo espero que algún día no muy lejano, las mujeres, tomemos en serio la responsabilidad que tenemos cuando recuperemos los derechos perdidos, derechos que hemos olvidado ejercer, la dignidad, la fuerza, la inteligencia, el placer y la libertar de elegir qué, cómo, cuando y con quién queremos algo, es la parte ausente, esa que debemos redescubrir y sin la cual el "buen vivir" será como siempre ha sido hasta ahora: Mitología Pura.

Por: SoloMarga

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